El pasado 12 de septiembre, Cata de Quesos Barcelona volvió a reunir en Granollers a un grupo de amantes del queso y el vino para disfrutar de una nueva experiencia de degustación, pensada para descubrir productos, compartir sensaciones y conocer mejor todo lo que hay detrás de cada elaboración.

La segunda cata de quesos y vinos en Granollers fue más allá de probar diferentes quesos y vinos. A lo largo de la cata hablamos de procedencias, tipos de leche, maduraciones, texturas, intensidades y maridajes, acercándonos a cada pieza desde su propia personalidad y dejando espacio también para que cada participante encontrara sus combinaciones preferidas.

La mesa se convirtió de nuevo en un punto de encuentro donde el queso artesano, el vino y la conversación fueron los verdaderos protagonistas. Cada referencia nos permitió viajar a un territorio distinto y conocer una pequeña parte del trabajo de productores y queserías que mantienen vivas formas de elaboración ligadas al entorno, al tiempo y al conocimiento del oficio.

Para Cata de Quesos Barcelona, encuentros como el del 12 de septiembre son una manera de seguir compartiendo todo lo que hemos ido descubriendo durante estos años entre queserías, ferias, mercados, productores y profesionales del sector. Una forma cercana de acercar la cultura quesera al público y, sobre todo, de conseguir que cada queso se disfrute entendiendo un poco mejor de dónde viene y por qué es diferente.

Rogmary explicando la corteza del queso Gouda de cabra

Tienda donde se ha forjado la experiencia: 

http://elterralo.com 

Durante la sesión, cada queso se presentó buscando que los asistentes pudieran detenerse en aspectos que muchas veces pasan desapercibidos cuando simplemente lo consumimos: el tipo de leche, la textura, la corteza, el tiempo de maduración, los aromas o la manera en que evoluciona en boca.

Los vinos fueron acompañando este recorrido y permitieron comprobar cómo un mismo queso puede ofrecer sensaciones diferentes dependiendo del maridaje. Algunas combinaciones resultaron más evidentes y otras sorprendieron precisamente por el contraste, generando conversación y opiniones distintas alrededor de la mesa.

Y esa es también una parte importante de nuestras catas: no buscamos imponer una única forma de disfrutar el queso. Hay conocimientos y criterios que ayudan a entenderlo, pero después entra en juego el gusto personal. Escuchar qué percibe cada participante y comparar sensaciones forma parte de la experiencia.

El queso como producto, pero también como cultura

Uno de los objetivos de Cata de Quesos Barcelona es que cada encuentro permita conocer un poco mejor el mundo que existe detrás de una pieza de queso.

Hablar de queso artesano significa hablar de leche, animales, territorio, clima, fermentos, maduración y, sobre todo, de personas. Productores y queseros toman decisiones durante todo el proceso que terminan definiendo el aroma, la textura y el carácter de aquello que finalmente llega a nuestra mesa.

Por eso, durante la cata también hubo espacio para explicar procedencias, métodos de elaboración y algunas de las particularidades de los quesos seleccionados. Conocer estos detalles cambia la manera de probarlos y ayuda a valorar un producto que, en muchas ocasiones, necesita semanas, meses e incluso años antes de estar listo.

Una experiencia que también se construye entre todos

Una de las cosas que más valoramos de estas reuniones es precisamente lo que no se puede preparar de antemano: las preguntas, las opiniones y las conversaciones que aparecen a medida que avanza la cata.

Cada persona llega con gustos y experiencias diferentes. Hay quien se siente más atraído por los quesos suaves y cremosos, quien busca sabores intensos y largas maduraciones y quien descubre durante la sesión estilos que hasta ese momento apenas conocía.

Ese intercambio convierte cada cata de quesos y vinos en una experiencia distinta. La selección puede estar cuidadosamente preparada, pero son las personas sentadas alrededor de la mesa quienes terminan dando forma al encuentro.

Seguimos compartiendo nuestra pasión por el queso

La cata celebrada el 12 de septiembre en Granollers supone un nuevo paso para un proyecto que continúa creciendo alrededor de una idea muy concreta: acercar la cultura quesera de una manera sencilla, cercana y comprensible.

Queremos seguir descubriendo productores, visitando queserías, asistiendo a ferias y concursos y, sobre todo, trasladando todo ese conocimiento a nuestras catas. No desde una perspectiva excesivamente técnica, sino buscando que cualquier persona que disfrute del queso pueda comprenderlo mejor y encontrar nuevos sabores.

Cada encuentro nos permite aprender también de quienes participan y seguir dando forma a las próximas experiencias de Cata de Quesos Barcelona.

Porque cuanto más conocemos un queso, más cosas encontramos en él. Y cuando ese descubrimiento se comparte alrededor de una mesa, con una copa de vino y buena conversación, el queso deja de ser únicamente aquello que estamos probando para convertirse en una historia que merece la pena conocer.

Granollers, el lugar donde esta experiencia sigue creciendo

Granollers volvió a ser el escenario elegido para esta nueva cata de quesos y vinos. No por casualidad, sino porque es aquí donde el proyecto ha ido consolidando una relación cercana con clientes, amantes de la gastronomía y personas que, con su curiosidad y confianza, han ayudado a dar forma a cada nuevo encuentro.

Desde el inicio, la ciudad ha sido un punto de partida natural para compartir nuestra manera de entender el queso artesano: descubrir productores, explicar el origen de cada pieza, conversar sobre maduraciones y texturas y acercar al público propuestas que muchas veces no forman parte del consumo habitual.

La jornada del 12 de septiembre se celebró nuevamente en Pecados Granollers, un espacio que permitió mantener el formato cercano que buscamos en nuestras catas. Alrededor de una misma mesa, los asistentes pudieron probar distintos quesos y vinos, intercambiar impresiones y participar activamente en una experiencia donde la conversación tiene tanta importancia como la propia degustación.

Celebrar una nueva cata de quesos y vinos en Granollers nos permitió también comprobar cómo el proyecto va encontrando su propio espacio dentro de la oferta gastronómica local. Cada sesión incorpora nuevos participantes, nuevas preguntas y formas diferentes de acercarse al queso, enriqueciendo una propuesta que queremos mantener próxima y abierta a todo aquel que tenga interés por descubrir.

Para Cata de Quesos Barcelona, continuar organizando estos encuentros en Granollers significa seguir construyendo desde el lugar donde todo empezó, pero con una experiencia cada vez más definida. El objetivo sigue siendo el mismo: poner en valor el queso artesano, acercar las historias de quienes lo elaboran y crear un espacio donde aprender y disfrutar alrededor de una mesa compartida.

segunda cata de quesos

Quesos artesanos, vinos y maridajes: el corazón de la cata

La selección volvió a ocupar un lugar central en la experiencia del 12 de septiembre. La intención no era simplemente reunir buenos quesos sobre una mesa, sino construir un recorrido que permitiera apreciar cómo cambian la textura, el aroma, la intensidad y la persistencia a medida que avanzaba la degustación.

Cada pieza aportó algo distinto. Hubo quesos de diferentes tipos de leche y estilos de elaboración, desde propuestas más delicadas y cremosas hasta otras con mayor maduración, carácter y profundidad. Esa progresión permitió que los asistentes pudieran comparar sensaciones y entender mejor cómo influyen factores como el origen de la leche, el tratamiento de la corteza, el tiempo de afinado o las condiciones de maduración.

Uno de los aspectos más interesantes de la cata fue precisamente observar cómo dos quesos aparentemente próximos podían ofrecer perfiles completamente diferentes. La textura podía ser más fundente o más firme, el aroma más láctico, vegetal o animal, y la sensación final en boca podía desaparecer rápidamente o permanecer durante varios minutos. Esa diversidad es una de las grandes riquezas del queso artesano y una de las razones por las que cada degustación puede convertirse en un pequeño ejercicio de descubrimiento.

Los vinos acompañaron todo el recorrido y ayudaron a explorar otra dimensión de cada queso. En lugar de presentar el maridaje como una serie de reglas fijas, se planteó como una experiencia abierta a la comparación. ¿Qué ocurre cuando aumenta la acidez? ¿Cómo responde un queso graso frente a un vino más fresco? ¿Qué sucede cuando ambos productos tienen una intensidad similar? ¿Y cuando uno de los dos domina claramente al otro?

A lo largo de la sesión fueron apareciendo respuestas distintas según cada combinación. En algunos casos, el vino aportaba frescura y limpiaba el paladar; en otros, prolongaba determinados aromas o hacía aparecer notas que resultaban menos evidentes al probar el queso por separado. También hubo maridajes basados en el contraste, donde precisamente la diferencia entre ambos productos generaba una experiencia más sorprendente.

Este juego entre equilibrio y contraste permitió comprobar que el maridaje no consiste únicamente en encontrar una pareja correcta. También es una forma de prestar más atención a lo que estamos probando. Cuando queso y vino se degustan juntos, ambos pueden cambiar: la percepción de la sal, la acidez, el dulzor, la grasa o la intensidad aromática puede modificarse de una combinación a otra.

Por eso, durante la cata no se buscó dar una respuesta única sobre cuál era el mejor maridaje. Cada participante pudo comparar, comentar y decidir qué combinaciones le resultaban más agradables. Algunas generaron bastante consenso y otras dividieron opiniones, algo que hizo todavía más interesante la conversación alrededor de la mesa.

Esa participación es una parte esencial de la experiencia. Una cata adquiere otro sentido cuando deja de ser una explicación en una sola dirección y se convierte en un intercambio de impresiones. Lo que una persona identifica como una nota floral, otra puede asociarlo a fruta, frutos secos, mantequilla o incluso a algún recuerdo concreto. Y todas esas percepciones contribuyen a enriquecer la degustación.

Al final, quesos artesanos, vinos y maridajes fueron nuevamente el punto de partida para hablar de producto, elaboración y cultura gastronómica. Pero también para recordar algo mucho más sencillo: probar con atención, comparar y compartir lo que cada uno percibe puede cambiar por completo nuestra manera de disfrutar un queso.

mesa de quesos cata de quesos granollers

Selección de los 10 quesos de la cata

Queso Leche Perfil principal
Saint-Félicien Vaca Cremoso, suave y untuoso, ideal para iniciar el recorrido con un queso delicado.
Les Cuines Miracle Oveja Pasta blanda, corteza cenizada y perfil elegante, con notas de bodega y humedad.
El Bunch · Le Bolut Cabra Láctico, fresco y cremoso, con aromas que recuerdan al bosque y los hongos.
Can Pujol Cabra Un queso algo más fuerte, mediterráneo y seco, con personalidad marcada.
Swiss Mountain Vaca Queso de montaña, curado y persistente, con notas de mantequilla y frutos secos.
Gouda curado de cabra Cabra Firme, amable y láctico, con equilibrio entre dulzor y carácter de cabra.
Don Eusebio con trufa Oveja Intenso, terroso y aromático, con el perfume profundo de la trufa.
Black Lemon Gouda Vaca Visualmente sorprendente, con carbón vegetal y un toque cítrico de limón.
Roquefort Vernières AOP Oveja Azul, salino, húmedo e intenso, con un final largo y persistente.
Don Eusebio de flores Oveja Curado, floral y delicado, con un perfil aromático muy elegante.

Los vinos seleccionados para el maridaje

El vino tuvo un papel fundamental durante la experiencia, no como acompañamiento secundario, sino como una forma de descubrir cómo cambia un queso cuando se encuentra con una copa bien elegida. Para esta primera cata de quesos, la selección combinó vinos blancos, tintos y un vino dulce, buscando que cada estilo aportara algo distinto al recorrido.

Los blancos, como Pedralonga Albariño y Finca La Garriga Blanca Chardonnay, acompañaron especialmente bien los quesos más frescos, cremosos o de intensidad media. En estos casos, la acidez, la frescura o el cuerpo del vino ayudaron a limpiar el paladar, equilibrar la grasa del queso y dejar que aparecieran matices más finos.

En la parte de tintos, Viña Salceda Crianza y Amfitrió permitieron trabajar quesos más curados, aromáticos o persistentes. La idea era mostrar que un tinto puede acompañar muy bien al queso cuando no domina la pieza, sino que aporta estructura, fruta, crianza y profundidad al conjunto.

El cierre llegó con Chivite Colección 125 Vendimia Tardía, un vino dulce pensado para los sabores más intensos de la cata. Su contraste con el Roquefort Vernières AOP permitió explicar uno de los maridajes clásicos más especiales: la unión entre un queso azul, salino y potente, y un vino dulce capaz de equilibrarlo sin apagar su carácter.

Más allá de buscar una única combinación perfecta, el objetivo fue que cada asistente pudiera observar cómo el vino transforma la experiencia: a veces suaviza, a veces potencia, a veces limpia y, en algunos casos, crea un sabor completamente nuevo.

guía de quesos para la segunda cata

Detrás de cada queso, una historia que contar

Una de las primeras sensaciones que dejó la experiencia fue que los asistentes no llegaron únicamente para degustar quesos, sino también para descubrir todo lo que existe detrás de cada pieza. Cada referencia encontró su propio espacio en la cata, no solo por sus aromas, su textura o su intensidad, sino por la historia que llevaba consigo: quién la elaboró, de qué leche partía, qué método se había seguido y cuánto tiempo había sido necesario para alcanzar su punto de maduración.

A medida que avanzaba la degustación, el queso dejaba de percibirse como un producto aislado para convertirse en el resultado de muchas decisiones, de un territorio concreto y de un conocimiento transmitido a lo largo del tiempo. La cata permitió acercarse a cada pieza con más atención, entendiendo que detrás de un corte hay oficio, paisaje, técnica y una forma particular de interpretar la materia prima.

Ese fue uno de los aprendizajes más valiosos del encuentro: descubrir que cuando conocemos mejor el origen de un queso y el trabajo que lo hace posible, también cambia nuestra manera de probarlo y de valorarlo.

platos segunda cata de quesos y vinos en Granollers
Oler antes de degustar

También fue una cata pensada para aprender a degustar con más atención. Se habló del origen de los quesos, de sus texturas, de sus cortezas, de sus aromas y de la forma correcta de avanzar en una degustación: empezar por los perfiles más suaves y cremosos, continuar con piezas de mayor intensidad y terminar con quesos más persistentes, aromáticos o azules. Así, cada asistente pudo entender mejor por qué un queso cambia según su temperatura, su maduración, su leche o incluso el orden en que se prueba.

El queso como fuente de interacción social

Otro de los momentos más valiosos fue la conversación que se generó alrededor de la mesa. Hubo preguntas, comentarios, descubrimientos y comparaciones entre unos quesos y otros. El formato cercano y participativo permitió que la experiencia no fuera una explicación cerrada, sino un encuentro vivo, donde cada persona podía compartir lo que percibía: un aroma, una textura, una sorpresa o un maridaje inesperado. Esa cercanía convirtió la cata en algo más humano y memorable.

El vino, complemento perfecto

El maridaje con vinos ayudó a completar el recorrido y a entender mejor el comportamiento de cada queso. Algunos vinos limpiaban el paladar y hacían más ligeros los quesos cremosos; otros aportaban estructura a piezas más curadas; y el vino dulce permitió descubrir el contraste con sabores intensos como el queso azul. Más que buscar una combinación perfecta, la experiencia mostró cómo el vino puede transformar la percepción del queso y abrir nuevas formas de disfrutarlo.

Mucho más que sabor: el origen de cada queso

Antes de llegar al plato, un queso artesano ya ha recorrido un largo camino. Su carácter empieza en el entorno donde se produce, en la leche utilizada, en la alimentación de los animales, en las condiciones de maduración y en el criterio de quien acompaña todo ese proceso hasta el momento de servirlo.

Durante la cata quisimos detenernos precisamente en ese recorrido. Cada queso permitió hablar no solo de sabor, sino también de origen, elaboración y tiempo. La corteza, la textura, los aromas o la intensidad son el reflejo de decisiones concretas tomadas por el productor y de una forma de trabajar en la que la observación y la experiencia tienen un peso fundamental.

Ese contexto ayuda a entender por qué dos quesos pueden ser completamente distintos incluso cuando parten del mismo tipo de leche. Cambian el territorio, el proceso, la maduración, el tratamiento de la corteza o la intención del elaborador, y con ello cambia también la personalidad final de la pieza.

Uno de los objetivos de la cata era precisamente poner en valor esa dimensión menos visible del queso. Cuando conocemos quién lo ha elaborado, cómo se ha trabajado y qué hay detrás de su origen, la degustación adquiere otra profundidad. Ya no se trata únicamente de decidir si un queso gusta más o menos, sino de comprender qué lo hace diferente.

En ese sentido, el queso artesano también forma parte de una cultura gastronómica. Reúne territorio, conocimiento, tradición y creatividad en un mismo producto. Cada pieza habla de una manera de hacer las cosas y de una relación concreta con la materia prima.

La cata quiso acercar esa mirada a los asistentes: disfrutar del queso, por supuesto, pero también aprender a observarlo con más atención y reconocer todo el trabajo que existe antes de que llegue a la mesa.

selección de quesos cata de quesos septiembre

Pecados Granollers, parte esencial de la experiencia

La cata del 12 de septiembre volvió a contar con la colaboración de Guille y Pecados Granollers, una alianza que permitió construir la experiencia desde algo más amplio que la propia degustación. El espacio, el vino y la manera de acompañar la sesión ayudaron a crear el ambiente adecuado para que cada queso pudiera disfrutarse con calma y en un contexto pensado para compartir.

Pecados Granollers aportó mucho más que un lugar donde reunirse. Su conocimiento del vino y su implicación en la jornada permitieron integrar los maridajes de una forma natural dentro del recorrido, buscando que cada copa acompañara, contrastara o potenciara las características de los distintos quesos seleccionados.

Esa combinación entre queso artesano, vino y conversación fue una de las claves del encuentro. Mientras cada pieza aportaba su origen, su textura y su personalidad, los vinos abrían nuevas sensaciones y daban pie a comparar, comentar y descubrir matices que quizá habrían pasado desapercibidos por separado.

La colaboración con Guille permitió además mantener el tono cercano que buscamos en estas catas. Sin excesiva formalidad, pero cuidando cada detalle, la jornada se desarrolló como una experiencia compartida en la que los asistentes pudieron preguntar, intercambiar opiniones y disfrutar del recorrido sin prisas.

Para Cata de Quesos Barcelona, trabajar junto a proyectos locales como Pecados Granollers tiene también un valor especial. Son colaboraciones que permiten sumar conocimientos distintos alrededor de una misma mesa y construir propuestas gastronómicas con una identidad muy vinculada a Granollers.

Cuando el queso, el vino y el espacio se entienden como partes de una misma experiencia, la cata deja de ser únicamente una sucesión de productos. Se convierte en un encuentro en el que cada elemento aporta algo propio y donde la gastronomía funciona, sobre todo, como una forma de reunir personas y compartir descubrimientos.

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Calendario de catas (por meses)

  • Enero – Diciembre: catas cada mes (formatos: quesos / vino y queso / regalo / empresas)

  • Horarios: tardes y fines de semana (según disponibilidad)

  • Ubicación: Granollers (varía según formato)

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