Congelar queso suele parecer la solución más lógica cuando abres la nevera y descubres que esa pieza que compraste con tantas ganas lleva varios días esperando. Quizá te vas de viaje, has comprado más cantidad de la necesaria o simplemente sabes que no vas a terminarla a tiempo. Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿se puede congelar queso sin estropearlo?
La respuesta corta es sí, se puede congelar queso, pero no todos los quesos reaccionan de la misma manera. Los quesos curados y algunos semicurados suelen soportar mejor las bajas temperaturas, mientras que los quesos frescos, muy húmedos o especialmente cremosos pueden perder parte de aquello que los hace especiales: su textura, su untuosidad e incluso la sensación que dejan en boca.
Y aquí está la clave: que un queso pueda congelarse de forma segura no significa necesariamente que vaya a salir del congelador igual que entró. Congelación, conservación y calidad gastronómica son conceptos diferentes.
Por eso, antes de envolver esa mozzarella, ese queso de cabra o ese trozo de curado y meterlo directamente en el congelador, conviene saber qué quesos se pueden congelar, cuáles es mejor evitar y cómo hacerlo correctamente. Porque, en algunos casos, congelar queso puede evitar desperdiciar una buena pieza; en otros, puede cambiar por completo su textura.
Sí, se puede congelar queso, pero el resultado dependerá mucho del tipo de queso, de su contenido en agua, de su textura y de su grado de maduración. En general, los quesos curados y algunos semicurados suelen soportar mejor la congelación porque contienen menos humedad y tienen una estructura más firme.
En cambio, los quesos frescos, blandos o muy cremosos pueden sufrir más cambios al descongelarse: pueden soltar agua, volverse granulados o perder parte de su cremosidad original. Eso no significa necesariamente que dejen de ser aprovechables, sino que su calidad gastronómica puede disminuir.
Congelar queso compensa especialmente cuando queremos evitar desperdiciarlo o utilizarlo después para cocinar, rallar, fundir o gratinar. Si, en cambio, queremos disfrutarlo tal como fue elaborado, con toda su textura y matices, conservarlo correctamente en el frigorífico suele ser la mejor opción. En otro de nuestros artículos explicamos detalladamente cómo se debe hacer la conservación del queso.
¿Qué quesos se pueden congelar?
No todos los quesos responden igual al congelador. Congelar queso puede ser una buena forma de evitar desperdicios, pero el resultado dependerá especialmente de la cantidad de agua que contiene, de su textura y de su grado de maduración. Por eso, mientras algunos quesos curados o rallados suelen soportar relativamente bien la congelación, los frescos y muy cremosos pueden experimentar cambios mucho más evidentes.
La siguiente tabla sirve como orientación rápida para saber qué quesos se pueden congelar, cuáles conviene congelar solo en determinadas circunstancias y cuáles es preferible consumir frescos. Más adelante veremos cada caso con detalle, porque incluso dentro de una misma familia de quesos puede haber diferencias importantes.
| Tipo de queso | ¿Se puede congelar? | ¿Qué puede ocurrir? | Mejor uso después |
|---|---|---|---|
| Queso curado | Sí | Puede volverse algo más seco o quebradizo después de descongelarlo. | Rallar, cocinar, fundir o gratinar. |
| Queso rallado | Sí | Suele conservar razonablemente bien sus características, especialmente si se utilizará para cocinar. | Gratinados, pasta, pizza y otras recetas calientes. |
| Mozzarella | Sí, con matices | Puede perder parte de su textura original y liberar algo de humedad. | Pizza, lasaña, gratinados y platos calientes. |
| Queso de cabra | Depende del tipo | El resultado cambia mucho según su humedad, textura y grado de maduración. | Dependerá de si es fresco, semicurado o curado. |
| Queso fresco | No es lo ideal | Su elevado contenido en agua puede hacer que, al descongelarse, pierda firmeza, suelte líquido o adquiera una textura diferente. | Preferentemente en preparaciones cocinadas. |
| Queso fresco de Burgos | Con reservas | Puede perder parte de su textura suave y liberar agua después de descongelarlo. | Recetas y preparaciones cocinadas. |
| Burrata | Poco recomendable | Su elevada humedad y su interior cremoso hacen que la congelación pueda alterar notablemente su textura. | Es preferible consumirla fresca. |
| Queso crema | Poco recomendable | Puede separarse y adquirir una textura granulosa o menos cremosa al descongelarse. | Salsas, tartas y otras recetas cocinadas. |
| Brie | Poco recomendable | Su textura blanda y cremosa puede cambiar considerablemente después de la congelación. | Cocina, salsas o preparaciones calientes. |
| Cabrales | Con reservas | Puede experimentar cambios de textura y perder parte de su cremosidad original. | Salsas, rellenos y recetas cocinadas. |
| Queso mantecoso | Con reservas | Puede perder parte de su textura cremosa y resultar diferente después de descongelarlo. | Fundir o utilizar en recetas calientes. |
| Torta del Casar | Poco recomendable | Su característica textura muy cremosa puede verse alterada considerablemente por la congelación. | Es preferible disfrutarla sin congelar. |
| Provoleta o provolone | Sí, con matices | Puede sufrir pequeños cambios de textura, aunque sigue siendo útil para preparaciones calientes. | Fundir, cocinar a la plancha o gratinar. |
¿Qué le pasa al queso cuando se congela?
Para entender por qué congelar queso funciona razonablemente bien con algunas variedades y bastante peor con otras, hay que mirar lo que sucede dentro de la pieza. El queso no es una masa uniforme: está formado por una estructura de proteínas, grasa, agua, sales y otros compuestos que varían enormemente según el tipo de queso y su maduración.
Cuando lo introducimos en el congelador, una parte del agua que contiene comienza a transformarse en hielo. Ese cambio físico puede modificar la estructura interna del queso y explica por qué, después de descongelarlo, podemos encontrar una pieza más quebradiza, granulosa, húmeda o menos cremosa que antes. La magnitud de estos cambios depende del tipo de queso y de cómo se haya congelado y almacenado. La literatura científica sobre productos lácteos congelados identifica precisamente el crecimiento y la recristalización de los cristales de hielo como algunos de los fenómenos capaces de modificar textura y calidad durante el almacenamiento congelado.
El agua del queso y los cristales de hielo
El agua es una de las claves para comprender qué sucede al congelar queso. No todos los quesos contienen la misma cantidad ni tienen esa humedad distribuida de igual manera.
Pensemos en dos ejemplos extremos. Un queso fresco puede contener mucha más agua y presentar una estructura blanda y delicada, mientras que un queso muy curado ha perdido buena parte de su humedad durante la maduración y posee una estructura mucho más compacta. Por eso no podemos esperar que ambos reaccionen igual al congelador.
Cuando la temperatura baja suficientemente, parte del agua disponible empieza a convertirse en cristales de hielo. Al formarse esos cristales, el agua deja temporalmente de estar distribuida del mismo modo dentro de la matriz del queso. Además, durante el almacenamiento congelado los cristales pueden crecer o recristalizarse, fenómeno que puede alterar la microestructura del alimento.
Podemos imaginarlo de una manera sencilla: la estructura del queso es como una red muy fina dentro de la cual están repartidos el agua y la grasa. Cuando parte de esa agua se convierte en hielo, aparecen estructuras sólidas dentro de esa red. Al descongelarse, el agua vuelve a estado líquido, pero no necesariamente regresa exactamente al lugar ni queda retenida de la misma manera que antes.
En estudios realizados específicamente con mozzarella se ha observado que la formación y recristalización de cristales de hielo puede alterar la matriz de caseína y favorecer posteriormente pérdidas de humedad o cambios en propiedades como la fusión y la elasticidad.
Por eso la humedad importa tanto.
Cuanta más agua y más delicada sea la estructura de un queso, mayor puede ser el impacto de la congelación sobre su textura, aunque no debemos convertir esta regla general en una verdad absoluta para todas las variedades. La composición, la maduración, la proporción de grasa y proteínas e incluso las condiciones concretas de congelación también influyen.
De hecho, la investigación demuestra que no todos los quesos blandos responden exactamente igual. Un estudio realizado sobre queso blando de leche de cabra encontró un impacto relativamente pequeño de la congelación prolongada sobre determinadas propiedades reológicas y proteolíticas, lo que demuestra que debemos evitar afirmaciones simplistas del tipo «todos los quesos frescos quedan mal».
¿Congelar queso cambia su sabor?
¿Qué quesos se pueden congelar mejor?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO CURADO?
Sí, se puede congelar queso curado, y suele ser uno de los tipos de queso que mejor soporta este método de conservación. Al haber perdido parte de su humedad durante la maduración, su estructura suele resultar menos sensible a los cambios provocados por la formación de cristales de hielo. Aun así, después de descongelarlo puede quedar algo más seco, quebradizo o desmenuzable que antes.
También se puede congelar el queso curado de oveja, aunque conviene hacerlo en porciones bien protegidas del aire para limitar la pérdida de calidad. Si después de descongelarlo notas que su textura ha cambiado, puede seguir siendo muy útil para rallar, preparar salsas, gratinar o cocinar. Si hablamos de una pieza artesana que queremos disfrutar en una tabla de quesos, conservarla correctamente en el frigorífico suele ser preferible a congelarla.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO RALLADO?
Sí, se puede congelar el queso rallado, y precisamente su formato hace que resulte especialmente práctico para guardar pequeñas cantidades y utilizarlas posteriormente directamente en recetas. Conviene almacenarlo en una bolsa o recipiente apto para congelación, retirar el exceso de aire y repartirlo de forma que no quede convertido en un bloque compacto.
Una vez congelado, puede utilizarse para pasta, pizzas, gratinados, lasañas o diferentes preparaciones calientes. En algunos países también encontramos la búsqueda se puede freezar el queso de rallar, que se refiere al mismo procedimiento. Si queda ligeramente más seco o pierde parte de su textura original, normalmente será mucho menos perceptible cuando el queso se funde o se integra dentro de una receta.
¿SE PUEDE CONGELAR LA MOZZARELLA?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO DE CABRA?
Quesos que se pueden congelar, pero pueden perder más calidad
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO FRESCO?
Sí, se puede congelar el queso fresco, pero no suele ser el tipo de queso que mejor responde a la congelación. Su elevado contenido en agua hace que, durante el proceso, se formen cristales de hielo que pueden modificar su estructura. Cuando posteriormente se descongela, es posible encontrar una textura menos firme, más granulosa o una separación visible de líquido.
Esto no significa necesariamente que tengamos que desecharlo. Si el queso fresco descongelado ha perdido parte de su textura original, podemos aprovecharlo en rellenos, salsas, tartas saladas u otras elaboraciones donde vaya a integrarse con el resto de ingredientes. Para consumirlo solo, en ensalada o en una preparación donde su textura sea protagonista, suele ser mejor disfrutarlo fresco y conservarlo siguiendo las indicaciones del fabricante.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO FRESCO DE BURGOS?
Sí, se puede congelar el queso fresco de burgos, aunque hay que asumir que probablemente no conservará exactamente la misma textura después de descongelarlo. Se trata de un queso con bastante humedad, y precisamente esa cantidad de agua hace que la congelación pueda alterar su estructura y provocar posteriormente una mayor liberación de líquido.
Por esta razón, congelarlo puede ser una solución para evitar desperdiciar una cantidad que sabemos que no vamos a consumir a tiempo, pero no sería nuestra primera opción si queremos comerlo después con la misma textura que tenía originalmente. Una vez descongelado, puede resultar más interesante utilizar el queso fresco de burgos en preparaciones cocinadas o recetas donde el pequeño cambio de consistencia tenga menos importancia.
¿SE PUEDE CONGELAR LA BURRATA?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO CREMA?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO BRIE?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO CABRALES?
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO MANTECOSO?
¿SE PUEDE CONGELAR LA TORTA DEL CASAR?
¿SE PUEDE CONGELAR LA PROVOLETA?
¿Cómo congelar queso correctamente paso a paso?
¿Cómo descongelar queso sin estropearlo?
Saber cómo descongelar queso correctamente es tan importante como haberlo congelado bien. Después de protegerlo del aire, dividirlo en porciones y mantenerlo a una temperatura adecuada, una descongelación demasiado rápida o mal controlada puede acentuar la pérdida de humedad y los cambios de textura.
Para la mayoría de los quesos que queremos consumir posteriormente, la opción más práctica y segura es pasarlos del congelador al frigorífico y dejar que se descongelen lentamente. El USDA recomienda precisamente la descongelación en refrigeración para los alimentos perecederos, manteniendo el frigorífico a unos 4 °C o menos.
Descongelar lentamente en el frigorífico
Si queremos conservar lo mejor posible la textura del queso, lo recomendable es trasladarlo directamente del congelador al frigorífico. De esta forma, la temperatura aumenta de manera gradual y el queso permanece dentro de unas condiciones de refrigeración controladas durante todo el proceso.
Conviene mantenerlo dentro de su envoltorio, bolsa o recipiente mientras se descongela. Así evitamos que la superficie quede expuesta al ambiente del frigorífico y contenemos cualquier líquido que pueda aparecer. El tiempo necesario dependerá del tamaño de la pieza: una pequeña porción o una bolsa de queso rallado se descongelará antes que un bloque grueso de queso curado.
Precisamente por eso es tan útil congelar queso en porciones. Si hemos dividido previamente una pieza grande, podremos descongelar únicamente la cantidad que necesitamos y mantener el resto congelado.
Una vez descongelado, podemos encontrar cambios como una textura más quebradiza, cierta pérdida de cremosidad o una pequeña cantidad de líquido en el envase. Esto no significa por sí solo que el queso se haya estropeado: la congelación y posterior descongelación pueden alterar la estructura y provocar pérdida de humedad, afectando principalmente a la calidad.
Por qué no conviene descongelarlo a temperatura ambiente
Puede parecer más rápido sacar el queso del congelador y dejarlo durante varias horas sobre la encimera, pero no es el método adecuado para descongelar alimentos perecederos.
El problema es que una pieza no se descongela uniformemente. Mientras el interior todavía puede permanecer frío o incluso congelado, la superficie exterior puede calentarse mucho antes y alcanzar temperaturas en las que los microorganismos pueden multiplicarse con mayor facilidad.
El USDA recomienda no descongelar alimentos perecederos sobre la encimera y señala que no deben mantenerse a temperatura ambiente durante más de dos horas; si la temperatura ambiente supera aproximadamente los 32 °C, ese margen se reduce a una hora.
Además, conviene diferenciar dos situaciones que a veces se confunden. Atemperar un queso refrigerado antes de degustarlo no es lo mismo que descongelar una pieza dejándola durante horas fuera del frigorífico. En el primer caso partimos de un queso correctamente refrigerado y buscamos mejorar temporalmente su expresión aromática y textura antes de consumirlo; en el segundo estamos utilizando la temperatura ambiente como método de descongelación.
Como regla sencilla, si has decidido congelar queso, la secuencia debería ser:
congelador → frigorífico → consumo o preparación de la receta.
¿Se puede cocinar el queso directamente congelado?
En algunos casos sí, y esta posibilidad resulta especialmente interesante cuando hemos congelado el queso pensando desde el principio en utilizarlo en una preparación caliente. No siempre necesitamos recuperar previamente la textura original si el queso terminará fundiéndose dentro de una pizza, una salsa o un gratinado.
Esto funciona especialmente bien con formatos fáciles de dosificar, como queso rallado o mozzarella para cocinar. Podemos sacar únicamente la cantidad necesaria del congelador e incorporarla a determinadas recetas calientes, siempre teniendo en cuenta que el resultado dependerá del queso y de la preparación.
Mozzarella
La mozzarella requiere distinguir entre diferentes formatos. Una mozzarella fresca, con bastante humedad, puede liberar agua durante la descongelación y posteriormente durante la cocción. Esto puede ser relevante, por ejemplo, si la colocamos directamente sobre una pizza y termina aportando más líquido del deseado.
Una mozzarella de menor humedad destinada específicamente a pizza o una mozzarella rallada resulta mucho más práctica para congelar y utilizar posteriormente en preparaciones calientes. En estos casos, una ligera modificación de su textura es mucho menos importante porque finalmente el queso se fundirá.
Queso rallado
El queso rallado es probablemente uno de los formatos más cómodos para utilizar después de congelarlo. Si antes de congelar hemos preparado pequeñas porciones, podemos retirar solo la cantidad que necesitamos.
Puede ser especialmente práctico para:
- pizzas;
- pasta;
- lasañas y canelones;
- verduras gratinadas;
- platos al horno;
- determinadas salsas.
Además, si un queso se ha vuelto ligeramente más quebradizo tras la congelación, ese cambio de textura apenas tendrá importancia cuando vaya a fundirse.
Pizza y gratinados
Pizza y gratinados son dos de los usos más interesantes para aprovechar queso congelado. En estas preparaciones buscamos precisamente que el queso se funda, se integre con otros ingredientes y, en determinados casos, se dore.
Por eso, congelar queso pensando en una utilización posterior en cocina puede tener mucho más sentido que congelarlo para servirlo después en una tabla. Un cambio moderado de firmeza o textura puede pasar prácticamente desapercibido una vez fundido.
Salsas
Las salsas también pueden ser una buena salida para algunos quesos que, después de descongelarse, ya no presentan una textura tan atractiva para comer solos.
Por ejemplo, un queso que haya quedado algo más quebradizo puede integrarse en una salsa caliente, un relleno o una preparación al horno. Dependiendo de la receta, incluso un queso cremoso que haya perdido parte de su homogeneidad puede resultar más aprovechable cocinado que servido directamente.
Aquí aparece una idea fundamental para evitar desperdicios:
que un queso haya perdido parte de su textura después de congelarlo no significa necesariamente que haya perdido todo su valor culinario.
Un queso que ya no resulte ideal para una tabla puede encontrar una segunda oportunidad en una pizza, un gratinado, una salsa, una pasta o un relleno.
En definitiva, si queremos degustar una pieza después de congelar queso, lo más recomendable es descongelarla lentamente en el frigorífico. Si, en cambio, hemos congelado mozzarella, queso rallado u otro queso pensando específicamente en cocinarlo, podremos aprovecharlo de forma mucho más directa en numerosas preparaciones calientes.
¿Por qué cambia la textura después de descongelarlo?
Probablemente este sea el cambio que más notarás al congelar queso: puedes introducir una pieza con una textura determinada y encontrar, después de descongelarla, algo ligeramente diferente.
No necesariamente estará estropeada. Puede haber cambiado su calidad sensorial.
El congelador no afecta únicamente al agua de manera aislada. La estructura del queso depende de cómo interactúan sus proteínas, la grasa y la humedad. La formación de hielo puede modificar esa organización interna y, cuando llega el momento de descongelar, aparecer diferentes efectos.
Pérdida de cremosidad
En los quesos cremosos la sensación suave y untuosa depende de una estructura muy particular en la que agua, proteínas y grasa permanecen distribuidas de manera estable.
La congelación puede alterar ese equilibrio. En quesos como el queso crema, investigaciones recientes han observado deterioro de la estructura durante el almacenamiento congelado, asociado a cristalización de hielo, agregación de grasa y alteraciones de la red proteica.
Por eso un queso que antes se extendía suavemente sobre una tostada puede resultar menos homogéneo una vez descongelado.
Y esta es precisamente una de las razones por las que el USDA señala que productos como ricotta, cottage y queso crema no congelan especialmente bien desde el punto de vista de su calidad.
Separación de agua
Textura más quebradiza
Textura granulosa
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¿Cuánto tiempo se puede congelar el queso?
Preguntas frecuentes:
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO?
Sí, se puede congelar queso, pero el resultado depende del tipo, de su contenido en agua y de su grado de maduración. Los quesos curados y algunos semicurados suelen soportar mejor la congelación, mientras que los quesos frescos, blandos y muy cremosos pueden perder más textura y liberar agua al descongelarse.
¿QUÉ QUESOS SE PUEDEN CONGELAR MEJOR?
Los quesos duros, curados, semicurados y muchos quesos rallados suelen ser los que mejor toleran la congelación. Al contener generalmente menos humedad que un queso fresco o muy cremoso, los cambios de textura suelen ser menos acusados, especialmente cuando después se van a utilizar para cocinar, rallar, fundir o gratinar.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO CURADO?
Sí, se puede congelar queso curado, aunque después de descongelarlo puede quedar algo más seco, quebradizo o fácil de desmenuzar. También se puede congelar el queso curado de oveja, pero si se trata de una pieza artesana que queremos disfrutar en una tabla de quesos, es preferible conservarla correctamente y evitar la congelación siempre que sea posible.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO FRESCO?
Sí, se puede congelar el queso fresco, aunque no es uno de los quesos que mejor conserva su textura. Su elevado contenido en agua puede hacer que, al descongelarse, libere líquido, pierda firmeza o adquiera una consistencia más granulosa, por lo que suele ser más interesante aprovecharlo posteriormente en recetas cocinadas.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO RALLADO?
Sí, se puede congelar el queso rallado y es uno de los formatos más prácticos para guardar en el congelador. Lo ideal es dividirlo en pequeñas cantidades, protegerlo bien del aire y sacar únicamente lo que necesitemos para pizzas, pasta, gratinados, lasañas u otras preparaciones calientes.
¿SE PUEDE CONGELAR LA MOZZARELLA?
Sí, se puede congelar la mozzarella, aunque hay que diferenciar entre mozzarella fresca y mozzarella destinada a pizza o rallada. La mozzarella fresca puede liberar más agua y cambiar de textura, mientras que las variedades de menor humedad utilizadas para fundir suelen resultar mucho más prácticas después de la congelación.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO DE CABRA?
Sí, se puede congelar el queso de cabra, pero dependerá de si estamos ante un queso fresco, semicurado o curado. Un queso fresco de cabra puede experimentar mayores cambios de humedad y textura, mientras que una pieza más madurada y firme suele soportar mejor el proceso.
¿SE PUEDE CONGELAR EL QUESO CREMA?
Sí, se puede congelar queso crema, pero su textura puede separarse y quedar menos homogénea o más granulosa después de descongelarlo. Por esta razón, suele resultar más interesante utilizarlo posteriormente en salsas, rellenos, tartas u otras recetas que consumirlo directamente buscando la misma cremosidad que tenía antes.
¿CUÁNTO TIEMPO SE PUEDE CONGELAR EL QUESO?
No existe un tiempo idéntico para todos los quesos, ya que depende de la variedad y de la calidad que queramos conservar. Como referencia, el USDA contempla hasta seis meses para diversos quesos que toleran bien la congelación, pero esto no significa que todos los quesos deban mantenerse ese tiempo ni que conserven intactas sus características gastronómicas.
¿A QUÉ TEMPERATURA SE DEBE CONGELAR EL QUESO?
El congelador debería mantenerse a -18 °C o menos, que es la temperatura de referencia utilizada para el almacenamiento de alimentos congelados. Además de mantener una temperatura estable, conviene proteger bien el queso del aire, dividirlo en porciones y etiquetarlo con el tipo de queso y la fecha de congelación.
¿CÓMO SE DEBE DESCONGELAR EL QUESO?
La opción más recomendable es pasar el queso del congelador al frigorífico y dejar que se descongele lentamente en refrigeración. No conviene utilizar la encimera como método de descongelación para un alimento perecedero, ya que la superficie puede alcanzar temperaturas inadecuadas mientras el interior continúa todavía congelado.
¿SE PUEDE COCINAR EL QUESO DIRECTAMENTE CONGELADO?
En determinados casos sí, especialmente cuando hablamos de queso rallado o mozzarella destinada a cocinar. Puede resultar muy práctico añadir directamente pequeñas cantidades congeladas a pizzas, gratinados, pasta o preparaciones al horno, donde la posible pérdida de textura tendrá mucha menos importancia porque el queso terminará fundiéndose.
¿CONGELAR QUESO CAMBIA SU SABOR?
La congelación puede afectar a las características sensoriales del queso, aunque normalmente los cambios de textura son más evidentes para el consumidor. Un queso descongelado puede seguir siendo perfectamente aprovechable, pero una pieza especialmente delicada o artesana puede no ofrecer exactamente la misma experiencia de aromas, textura y sensación en boca que antes de congelarse.
¿EL QUESO SE PUEDE FREEZAR?
Sí. Freezar queso y congelar queso significan lo mismo; “freezar” es una expresión utilizada especialmente en algunos países de Latinoamérica. Las recomendaciones son las mismas: elegir bien el tipo de queso, protegerlo del aire, dividirlo en porciones y descongelarlo posteriormente en el frigorífico.
Cata de quesos Barcelona
Calendario de catas (por meses)
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Enero – Diciembre: catas cada mes (formatos: quesos / vino y queso / regalo / empresas)
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Horarios: tardes y fines de semana (según disponibilidad)
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Ubicación: Granollers (varía según formato)
