Los quesos Can Pujol son mucho más que una referencia dentro del queso artesano catalán: son la historia de una familia, de un territorio y de una forma de trabajar que ha crecido sin perder el vínculo con sus orígenes. En una conversación con Cata de Quesos Barcelona, Josep, dueño de la quesería, nos contó cómo nació Formatges Can Pujol, por qué el nombre está ligado a Canyet, en Badalona, y cómo una historia que empezó con unas pocas cabras acabó convirtiéndose en una de las formatgeries más reconocibles del Maresme.

Josep recordaba aquellos primeros años con una mezcla de emoción y sencillez. Antes de las instalaciones actuales, antes de que los quesos Can Pujol fueran conocidos por piezas como el Petit Nevat, hubo un sueño muy concreto: tener una granja grande y elaborar quesos propios. Cuando él hablaba de ese futuro, su madre le respondía: “Sí, hijo, sí”. Una frase breve, casi cotidiana, que hoy suena como el inicio de una historia que acabó haciéndose realidad.

La evolución de la formatgeria Can Pujol pasó por muchas etapas. Josep empezó con unas primeras cabras, fue creciendo poco a poco, trabajó con rebaño, pastoreo, mató y queso fresco, y vivió años de mucha intensidad en una pequeña formatgeria de Cabrils. Entre 1992 y 1996, aquel espacio de apenas 50 metros cuadrados fue el escenario donde se fue consolidando una manera de hacer queso basada en el trabajo manual, la observación y la paciencia.

Más adelante, entre 1998 y 1999, llegó una nueva etapa: empezar prácticamente de cero en el camino hacia las instalaciones actuales. Allí, los quesos Can Pujol terminaron de construir una identidad propia, con elaboraciones que combinan tradición, técnica y sensibilidad artesana.

Entre todos ellos, el Petit Nevat Can Pujol ocupa un lugar especial. Josep nos explicó que fue uno de los quesos que marcaron el inicio de la casa. Su elaboración conserva un gesto muy manual: se trabaja en un formato que recuerda a una servilleta, se aprieta con las manos y se ajusta hasta conseguir la forma y la textura adecuadas. Esa imagen resume muy bien el espíritu de Formatges Can Pujol: quesos hechos con oficio, tiempo y respeto por el producto.

Hoy, la historia continúa con Pau y Sara, hijos de Josep y su esposa, que representan el relevo generacional de Can Pujol. Por eso, hablar de quesos Can Pujol no es solo hablar de quesos artesanos catalanes; es hablar de memoria, familia, territorio y futuro.

En este artículo te contamos la historia de quesos Can Pujol a partir de lo que Josep compartió con Cata de Quesos Barcelona: el origen del nombre Can Pujol, los primeros años en Canyet, la etapa de Cabrils, el nacimiento del Petit Nevat, la evolución de la formatgeria y la continuidad familiar que mantiene vivo este proyecto quesero.

Quesos Can Pujol

Instagram de Formatgeria Can Pujol

https://www.instagram.com/formatgescanpujol/?hl=es 

Los quesos Can Pujol son la forma más habitual de buscar en castellano los quesos elaborados por Formatges Can Pujol, una formatgeria catalana situada en Vilassar de Dalt, en la comarca del Maresme. Es decir, cuando hablamos de quesos Can Pujol, hablamos de una casa quesera artesanal catalana con una identidad muy ligada al territorio, al trabajo manual y a la elaboración de quesos con leche de cabra y también de oveja. Fuentes públicas como Catalunya.com y el Mapa de Patrimoni Cultural de la Diputació de Barcelona sitúan la actividad de Formatges Can Pujol en Vilassar de Dalt y describen su producción a partir de leche de cabra y oveja.

Aunque mucha gente los busca como quesos Can Pujol, el nombre original en catalán es Formatges Can Pujol. “Formatges” significa “quesos”, por lo que ambas formas hacen referencia a la misma casa: en castellano solemos decir quesos Can Pujol, mientras que en Cataluña es habitual encontrar la denominación Formatges Can Pujol. Esta doble forma es importante también para entender cómo buscan los usuarios: algunos llegan al artículo por la keyword en castellano, otros por la marca en catalán y otros por productos concretos como Petit Nevat Can Pujol o Nevat Can Pujol.

La formatgeria Can Pujol se ha hecho conocida por una gama de quesos artesanos donde conviven piezas frescas, quesos de pasta blanda, quesos madurados y elaboraciones de cabra y oveja. Entre sus productos más reconocibles aparecen el Petit Nevat, el Nevat, el Sant Mateu, el Cantell, el Montcabrer, el Ros, el Odré, además del mató y el queso fresco. El Mapa de Patrimoni Cultural menciona expresamente el Nevat, Petit Nevat, Sant Mateu, Cantell, Montcabrer, Ros, Odré, mató y queso fresco; Catalunya.com también destaca referencias como Nevat, Montcabrer, Sant Mateu, Odré y Ros.

Dentro de los quesos Can Pujol, el Nevat y el Petit Nevat ocupan un lugar especialmente simbólico. Son quesos que ayudan a entender el estilo de la casa: piezas de cabra, de textura cuidada y con una elaboración que mantiene un fuerte componente artesanal. En el caso del Nevat, la Diputació de Barcelona lo describe como el emblema de la empresa y destaca su piel cubierta de hongos blancos comestibles, su textura cremosa, aroma suave y equilibrio láctico.

Pero reducir Formatges Can Pujol solo al Nevat sería quedarse corto. La casa también elabora quesos como Sant Mateu, Cantell o Montcabrer, que permiten explorar distintos perfiles de intensidad, maduración y textura dentro del universo de los quesos de cabra. Por otro lado, referencias como Ros y Odré muestran la parte de la producción vinculada a la leche de oveja, algo que aporta variedad a cualquier tabla de quesos Can Pujol y permite comparar estilos dentro de una misma formatgeria.

Esta variedad es precisamente una de las razones por las que los quesos Can Pujol tienen tanto interés en una cata. No son solo quesos para probar de forma aislada, sino una pequeña puerta de entrada al queso artesano catalán: desde el mató y el queso fresco, más directos y ligados al consumo inmediato, hasta piezas con más maduración, corteza, textura y complejidad aromática. Según Catalunya.com, Can Pujol empezó elaborando productos frescos y de consumo rápido, como quesos frescos, mató o cuajada, y después fue incorporando quesos madurados como el Nevat y otras referencias.

Por eso, cuando en este artículo hablamos de quesos Can Pujol, no hablamos únicamente de una lista de productos. Hablamos de una formatgeria Can Pujol con historia, de una manera de trabajar el queso en Cataluña y de una familia que ha convertido una vocación quesera en una marca reconocible dentro y fuera del Maresme. Formatges Can Pujol representa muy bien esa unión entre producto, territorio y oficio: quesos artesanos que se pueden explicar desde la técnica, pero también desde la memoria, la paciencia y el vínculo con la tierra.

Quesos frescos de Can Pujol
Aspecto Información clave
Nombre en castellano Quesos Can Pujol
Nombre en catalán Formatges Can Pujol
Tipo de proyecto Formatgeria catalana artesanal especializada en quesos artesanos
Ubicación Vilassar de Dalt, en la comarca del Maresme
Leches utilizadas Leche de cabra y leche de oveja
Productos destacados Petit Nevat, Nevat, Sant Mateu, Cantell, Montcabrer, Ros, Odré, mató y queso fresco
Formatges Can Pujol de cabra

La historia de Formatges Can Pujol contada por Josep a Cata de Quesos Barcelona

La historia de Formatges Can Pujol no se entiende solo desde sus quesos, sino desde la vida de Josep, su fundador, y desde una forma de trabajar profundamente ligada al territorio. En una conversación con Cata de Quesos Barcelona, Josep, dueño de la quesería, compartió detalles que ayudan a mirar los quesos Can Pujol de otra manera: no como una marca que nació de golpe, sino como el resultado de años de oficio, intuición, campo, familia y mucha perseverancia.

Esa es precisamente una de las razones por las que los quesos Can Pujol son especiales. Detrás de cada pieza hay una historia que empezó lejos de las instalaciones actuales, en un entorno mucho más pequeño y humilde, cuando el proyecto todavía era más sueño que empresa. Josep no hablaba de Can Pujol como quien recita una cronología empresarial, sino como quien recuerda un camino de vida: el lugar donde nació, las primeras cabras, los inicios con productos sencillos, las dudas familiares, el trabajo diario y la voluntad de construir una formatgeria propia.

En muchos artículos sobre quesos se habla del sabor, la textura o los premios. Todo eso es importante, pero en el caso de Formatges Can Pujol hay algo más: una historia oral, contada directamente por Josep a Cata de Quesos Barcelona, que permite entender el origen emocional y familiar de la formatgeria Can Pujol. Esa información aporta una mirada más cercana y menos repetida, porque no se limita a describir los productos, sino que explica cómo se fue construyendo el proyecto desde dentro.

Canyet, Badalona: el origen del nombre Can Pujol

Josep explicó a Cata de Quesos Barcelona que el nombre de Can Pujol no nació como una decisión de marketing ni como una marca pensada en un despacho. El nombre está ligado al lugar donde él nació: Canyet, en Badalona. Ese detalle es importante porque conecta los quesos Can Pujol con una historia concreta, con una raíz territorial y con una memoria familiar anterior a la propia formatgeria.

Canyet no aparece en esta historia como un simple punto geográfico. Para Josep, representa el origen: el lugar donde empezó a formarse su relación con el campo, con los animales y con una manera de vivir más próxima a la tierra. Antes de que Formatges Can Pujol se convirtiera en una formatgeria reconocida en el Maresme, hubo una infancia y una juventud marcadas por ese entorno rural de Badalona.

Ese vínculo con Canyet ayuda a entender por qué los quesos Can Pujol tienen una identidad tan personal. No son el resultado de una oportunidad comercial improvisada, sino de una vocación que Josep fue alimentando poco a poco. El nombre Can Pujol funciona casi como una declaración de origen: una forma de recordar de dónde venía antes de construir el proyecto quesero que hoy conocemos.

En la conversación, Josep transmitía esa idea con naturalidad. Can Pujol no era solo un nombre bonito para vender quesos. Era una referencia a su propia historia. Y esa diferencia se nota cuando se habla de la formatgeria Can Pujol: hay una continuidad entre el lugar de nacimiento, el deseo de trabajar con animales, el aprendizaje del oficio y la creación de una casa quesera familiar.

Por eso, cuando hablamos de quesos Can Pujol, no hablamos únicamente de productos elaborados con leche de cabra u oveja. Hablamos también de una historia que empieza en Canyet, Badalona, y que después se desplaza hacia el Maresme, donde el proyecto fue creciendo hasta consolidarse. Ese recorrido forma parte del valor de Formatges Can Pujol y permite entender mejor por qué su historia tiene tanto peso dentro del queso artesano catalán.

De unas primeras cabras al sueño de una granja grande

Según contó Josep a Cata de Quesos Barcelona, todo empezó con tres cabras. La imagen es sencilla, pero muy poderosa: antes de los quesos conocidos, antes del Petit Nevat, antes de las instalaciones actuales y antes de que los quesos Can Pujol fueran una referencia para muchos amantes del queso catalán, hubo tres cabras y una idea que todavía parecía lejana.

A partir de ahí, el proyecto fue creciendo poco a poco. No hubo un gran salto inmediato, sino una evolución hecha de trabajo diario, aprendizaje y paciencia. Josep empezó con muy poco, pero tenía claro que quería llegar más lejos. Soñaba con tener una granja grande, producir sus propios quesos y construir una vida alrededor de ese oficio.

Cuando compartía ese sueño en casa, su madre le respondía con una frase que Josep recordaba con cariño: “Sí, hijo, sí”. Es una frase breve, casi doméstica, pero dice mucho. Tiene ternura, tiene ironía y tiene también ese punto de incredulidad que muchas veces rodea a los proyectos que todavía no han demostrado que pueden hacerse realidad.

Esa frase humaniza la historia de Formatges Can Pujol porque muestra que, al principio, el sueño de Josep no era evidente para todos. Tener una granja, cuidar animales, elaborar quesos y hacer crecer una formatgeria propia podía parecer una ilusión difícil. Pero con el tiempo, aquello que sonaba casi imposible fue tomando forma.

Los quesos Can Pujol nacen de ese contraste entre una visión grande y unos comienzos muy pequeños. Josep no partió de una estructura industrial ni de un proyecto ya consolidado. Partió de unas primeras cabras, de una relación directa con el rebaño y de una voluntad muy clara: transformar la leche en quesos con identidad propia.

Ese origen explica por qué la historia de la formatgeria Can Pujol tiene tanta fuerza. No se trata solo de producir queso, sino de haber construido una marca desde la experiencia real del campo. Primero estuvieron los animales, después el aprendizaje, luego las primeras elaboraciones y, con los años, una gama de quesos que terminó dando forma a la personalidad de la casa.

En ese camino, Formatges Can Pujol fue pasando de la intuición inicial al oficio. Lo que empezó con tres cabras acabó convirtiéndose en una formatgeria catalana capaz de elaborar piezas reconocibles como el Nevat o el Petit Nevat. Pero el valor de esos quesos no está solo en el producto final: está también en saber que detrás hay una historia familiar, rural y artesanal que Josep vivió desde el principio.

Por eso, al probar o hablar de los quesos Can Pujol, conviene recordar esa escena inicial: un joven Josep imaginando una granja grande, su madre respondiendo “Sí, hijo, sí”, y un proyecto que todavía no existía, pero que ya empezaba a tomar forma en su cabeza. Años después, esa ilusión se convertiría en Formatges Can Pujol, una de las casas queseras más reconocibles del queso artesano catalán.

Una historia que aporta algo que no aparece en una ficha de producto

Lo interesante de esta parte de la historia es que no se puede explicar solo con una ficha técnica. Una ficha puede decir qué leche se utiliza, qué formato tiene un queso o cuántos días madura una pieza. Pero no puede transmitir del todo por qué Josep eligió ese camino, qué significaba para él el nombre Can Pujol o cómo se fue construyendo la formatgeria desde unos inicios tan modestos.

Ahí está el verdadero valor diferencial de esta historia para quienes quieren conocer mejor los quesos Can Pujol. La conversación con Josep permite ir más allá de los datos básicos y entrar en el relato humano de Formatges Can Pujol: el origen en Canyet, las primeras cabras, el sueño de la granja, la respuesta de su madre y la evolución de una vocación hasta convertirse en oficio.

Esa mirada hace que la formatgeria Can Pujol no se perciba solo como un productor de quesos artesanos, sino como un proyecto con memoria. Y esa memoria es fundamental para entender por qué sus quesos tienen tanta personalidad dentro del panorama quesero catalán.

En definitiva, la historia de Formatges Can Pujol empieza con algo tan sencillo como un lugar de nacimiento, unas pocas cabras y un sueño familiar. Pero precisamente por eso resulta tan potente: porque demuestra que los grandes proyectos artesanos no siempre nacen grandes. A veces nacen en silencio, en el campo, con animales, con dudas, con frases de madre y con una idea que, poco a poco, termina convirtiéndose en realidad.

Formatgeria Can Pujol Cabras
Los primeros quesos Can Pujol: mató, queso fresco y vida de pastor

Antes de que los quesos Can Pujol fueran conocidos por piezas como el Nevat, el Petit Nevat, el Sant Mateu o el Montcabrer, la historia de la casa empezó con elaboraciones mucho más sencillas y ligadas al consumo diario. Josep contó a Cata de Quesos Barcelona que, en aquellos primeros años, el trabajo estaba muy conectado con el rebaño, el pastoreo y la vida cotidiana del campo. No se trataba todavía de una formatgeria moderna con una gama amplia de quesos madurados, sino de un proyecto pequeño, directo y profundamente artesanal.

Los primeros quesos Can Pujol nacieron de esa relación inmediata con la leche. Al principio elaboraban mató y queso fresco, productos que exigen precisión, pero que pertenecen a una etapa más cercana al día a día: leche recién trabajada, elaboraciones de consumo rápido y una producción pensada desde la proximidad. Fuentes públicas sobre Formatges Can Pujol también recogen que sus primeras elaboraciones fueron quesos frescos, mató o requesón y cuajada, antes de avanzar hacia quesos madurados como el Nevat.

Mató y queso fresco: el comienzo más sencillo

El mató y el queso fresco representan el punto de partida más natural para entender la evolución de Formatges Can Pujol. Son productos humildes en apariencia, pero muy importantes en la historia de muchas queserías artesanas: permiten empezar a transformar la leche sin alejarse demasiado de su sabor original, de su frescura y de su uso cotidiano.

En el caso de los quesos Can Pujol, estas primeras elaboraciones fueron una escuela. Antes de buscar cortezas, maduraciones largas o texturas más complejas, Josep trabajó con productos que obligaban a entender bien la leche, los tiempos, la coagulación y la delicadeza del proceso. El mató y el queso fresco no permiten esconder errores: cuando un producto es tan directo, la calidad de la leche y la mano de quien lo elabora se notan enseguida.

Por eso, aunque hoy muchas personas asocian Formatges Can Pujol con quesos más reconocibles como el Nevat o el Petit Nevat, conviene recordar que la historia empezó con piezas frescas. Ese inicio dice mucho de la filosofía de la casa: primero aprender el producto desde su base, después construir una identidad quesera más amplia.

El mató, además, conecta muy bien con la tradición catalana. Es un producto sencillo, láctico, suave y profundamente vinculado al territorio. En ese sentido, los primeros quesos Can Pujol no nacieron como una apuesta sofisticada, sino como una continuidad natural de una cultura alimentaria cercana, rural y muy presente en Cataluña.

Rebaño, pastoreo y oficio antes de la formatgeria moderna

Josep también explicó a Cata de Quesos Barcelona que aquellos primeros años estuvieron muy ligados al rebaño propio y al pastoreo. Este detalle es clave porque permite entender que la formatgeria Can Pujol no nació únicamente como un obrador donde se transformaba leche, sino como un proyecto conectado con los animales y con el ritmo del campo.

Tener rebaño y pastorear implica una relación diferente con el queso. La leche no aparece como una materia prima anónima, sino como el resultado de un trabajo diario: cuidar los animales, observarlos, acompañar sus ciclos, atender la alimentación y convivir con una rutina que empieza mucho antes de entrar en la quesería. En ese contexto, elaborar queso no era una actividad aislada, sino la consecuencia natural de una vida de pastor.

Esa etapa previa a la formatgeria moderna ayuda a explicar por qué los quesos Can Pujol tienen una historia tan vinculada al oficio. Antes de crecer, antes de ampliar instalaciones y antes de consolidar una gama reconocible, hubo un aprendizaje práctico, físico y cotidiano. Josep no empezó desde una idea abstracta de negocio, sino desde el contacto con las cabras, la leche y el trabajo de cada día.

La palabra “artesanal” a veces se usa demasiado en gastronomía, pero en la historia de Formatges Can Pujol tiene un sentido concreto. Artesanal no significa solo hacer queso a pequeña escala; significa haber aprendido desde el origen, haber convivido con el rebaño y haber entendido que cada queso empieza mucho antes del molde, de la cámara de maduración o de la etiqueta.

Por eso, esta etapa de rebaño y pastoreo es fundamental dentro del relato. Permite mostrar que los quesos Can Pujol no surgieron de una fórmula rápida, sino de una acumulación de experiencia: primero los animales, después la leche, después el mató y el queso fresco, y finalmente los quesos con más personalidad.

La evolución hacia quesos Can Pujol con personalidad propia

Con el paso del tiempo, esa producción inicial fue evolucionando. Los productos frescos fueron el comienzo, pero no el destino final. A partir de esa base, Formatges Can Pujol empezó a avanzar hacia elaboraciones con más identidad, más textura y más capacidad de expresar una idea propia del queso artesano catalán.

Ese cambio marca una transición importante: de una producción centrada en el consumo inmediato a una gama de quesos Can Pujol con personalidad reconocible. El mató y el queso fresco enseñaron el camino; los quesos madurados permitieron construir una identidad. En esa evolución aparecen piezas que ya no solo hablan de frescura, sino también de maduración, corteza, forma, textura, aroma y carácter.

El nacimiento del Nevat en 1991 suele señalarse como un momento clave en esa evolución hacia los quesos madurados de la casa. La Diputació de Barcelona recoge que, tras los primeros productos frescos, en 1991 nació el “Nevat”, un queso madurado de elaboración artesanal. Esa transición ayuda a entender cómo los quesos Can Pujol pasaron de ser elaboraciones sencillas y cotidianas a convertirse en una propuesta quesera con una identidad propia dentro del panorama catalán.

Lo interesante es que esta evolución no rompe con el origen, sino que lo continúa. Los quesos más conocidos de Formatges Can Pujol no sustituyen la etapa inicial: la explican. El trabajo con el mató, el queso fresco, el rebaño y el pastoreo forma parte de la memoria técnica y emocional de la casa. Sin esa etapa, sería más difícil entender el carácter de los quesos posteriores.

Por eso, hablar de los primeros quesos Can Pujol es hablar de una transformación progresiva. Primero hubo productos frescos, sencillos y directos. Después llegó la búsqueda de quesos con más estructura y personalidad. Y, con el tiempo, la formatgeria Can Pujol fue construyendo una gama capaz de representar tanto el origen rural de Josep como su ambición de crear quesos artesanos catalanes con nombre propio.

En definitiva, los primeros años de Formatges Can Pujol fueron una escuela de campo y de leche. El mató, el queso fresco, el rebaño y el pastoreo no son una anécdota menor: son la base sobre la que se construyó todo lo demás. Ahí empieza la verdadera evolución de los quesos Can Pujol, desde productos frescos nacidos del día a día hasta piezas con identidad, memoria y reconocimiento.

Cabrils, 1992-1996: una formatgeria de solo 50 metros cuadrados

Entre 1992 y 1996, Josep y su familia vivieron en Cabrils, en una formatgeria de apenas 50 metros cuadrados. Puede parecer un detalle menor, pero ese espacio pequeño ayuda a entender muy bien cómo se construyó la identidad de los quesos Can Pujol. Antes de las instalaciones actuales, antes de que el nombre de Formatges Can Pujol se asociara a quesos como el Nevat o el Petit Nevat, hubo una etapa mucho más reducida, intensa y manual.

Aquella pequeña formatgeria Can Pujol no tenía las dimensiones de las instalaciones actuales, pero sí contenía la esencia del proyecto. En esos 50 metros cuadrados había poco margen para la distancia entre la persona y el producto: cada elaboración se hacía cerca, con atención, con observación constante y con una relación muy directa con la leche, los moldes, las texturas y los tiempos.

Josep contó a Cata de Quesos Barcelona que esa etapa en Cabrils fue una parte importante del camino. No era una quesería grande ni cómoda, sino un espacio de trabajo donde todo exigía orden, paciencia y oficio. En una formatgeria tan pequeña, cada decisión importaba: cómo se trabajaba la leche, cómo se manipulaba la cuajada, cómo se daba forma a cada queso y cómo se controlaba la evolución de las piezas.

Ese contexto permite entender por qué los quesos Can Pujol no nacieron desde una lógica industrial, sino desde una práctica artesanal muy concreta. La falta de espacio obligaba a trabajar con precisión. No había lugar para procesos impersonales ni para grandes volúmenes. Había, sobre todo, trabajo diario, manos, intuición y aprendizaje.

La etapa de Cabrils también marca una transición importante dentro de la historia de Formatges Can Pujol. Josep venía de unos inicios ligados al rebaño, al pastoreo, al mató y al queso fresco. En Cabrils, esa experiencia empezó a consolidarse en forma de proyecto quesero más definido. La formatgeria Can Pujol seguía siendo pequeña, pero la manera de entender el queso ya empezaba a tomar una dirección clara.

Durante esos años, los quesos Can Pujol fueron dejando de ser solo el resultado natural de una vida vinculada al campo para convertirse en una propuesta con identidad propia. La producción seguía siendo artesanal, pero cada vez había más conciencia de estilo, de textura, de formato y de personalidad. En otras palabras: Cabrils fue una etapa de crecimiento silencioso, de esas que no siempre se ven desde fuera, pero que explican mucho de lo que viene después.

En un espacio de 50 metros cuadrados, el queso se aprende de otra manera. Se aprende mirando, tocando, corrigiendo, esperando. Se aprende entendiendo que una pequeña diferencia en el trabajo manual puede cambiar el resultado final. Esa forma de trabajar está muy presente en la historia de los quesos Can Pujol, especialmente en piezas que conservan un fuerte componente artesanal.

Por eso, cuando hoy se habla de Formatges Can Pujol, conviene recordar aquella etapa en Cabrils. No fue solo un lugar de paso entre los primeros años y las instalaciones actuales. Fue un capítulo clave para consolidar la filosofía de la casa: hacer quesos con paciencia, respetar los tiempos del producto y mantener una relación directa con cada elaboración.

La historia de los quesos Can Pujol se entiende mejor si se mira desde esa pequeña formatgeria de Cabrils. Allí, entre 1992 y 1996, el proyecto siguió creciendo sin perder su escala humana. Y quizá precisamente por eso la formatgeria Can Pujol conserva una identidad tan reconocible: porque antes de hacerse más grande, aprendió a trabajar desde lo pequeño.

Formatgeria Can Pujol formatges

1998 y 1999: empezar de cero hasta llegar a la Can Pujol actual

Según contó Josep a Cata de Quesos Barcelona, entre 1998 y 1999 comenzó una nueva etapa prácticamente desde cero, ya en el camino hacia las instalaciones donde se consolidaría la producción actual de los quesos Can Pujol. Después de los primeros años de rebaño, pastoreo, mató, queso fresco y una pequeña formatgeria en Cabrils, llegó el momento de dar un salto más ambicioso: construir una casa quesera con más espacio, más posibilidades y una estructura capaz de sostener el crecimiento del proyecto.

Ese cambio no fue solo una ampliación física. Fue también un punto de inflexión en la historia de Formatges Can Pujol. Josep venía de una forma de trabajar muy ligada al día a día del campo, a espacios reducidos y a una producción artesanal casi íntima. Empezar de cero en una nueva etapa significaba ordenar todo lo aprendido, mejorar las condiciones de elaboración y preparar el terreno para que los quesos Can Pujol pudieran crecer sin perder su carácter.

Según nos explicó Josep, las nuevas instalaciones llegaron a tener unos 300 metros cuadrados, una dimensión muy distinta a la de aquella pequeña formatgeria de 50 metros cuadrados en Cabrils. Ese dato ayuda a entender la magnitud del cambio: pasar de un espacio mínimo a unas instalaciones mucho más amplias permitía trabajar mejor, organizar la producción, cuidar los procesos y dar continuidad a una gama de quesos cada vez más definida.

Pero lo más interesante de esta etapa es que el crecimiento no significó abandonar la esencia artesanal. La formatgeria Can Pujol se hizo más grande, sí, pero el proyecto seguía apoyándose en la misma idea que Josep había construido desde el principio: hacer quesos con paciencia, con atención al detalle y con una relación directa con el producto. La nueva etapa permitió crecer, pero no borró el origen.

En esos años, los quesos Can Pujol empezaron a consolidar una identidad más reconocible. Lo que al principio había sido una producción ligada al mató, al queso fresco y al aprendizaje diario fue evolucionando hacia una casa quesera con piezas propias, con nombres propios y con una personalidad cada vez más clara dentro del queso artesano catalán.

La transición entre 1998 y 1999 también puede leerse como el paso de un proyecto familiar en construcción a una formatgeria con vocación de permanencia. Hasta entonces, Josep había demostrado que el sueño era posible. A partir de ese momento, tocaba convertirlo en una estructura más sólida, capaz de sostener el presente y también el futuro de Formatges Can Pujol.

Ese “empezar de cero” que recuerda Josep no debe entenderse como una ruptura con lo anterior, sino como una continuación más madura. Todo lo vivido antes —las primeras cabras, el pastoreo, el mató, el queso fresco, Cabrils y los espacios pequeños— seguía formando parte de la memoria de la casa. La diferencia es que ahora los quesos Can Pujol podían elaborarse en un entorno más preparado para crecer.

Por eso, las instalaciones actuales no son solo un lugar de producción. Son el resultado de una historia que fue avanzando por etapas: primero el sueño, después las primeras cabras, luego las elaboraciones frescas, más tarde la pequeña formatgeria de Cabrils y, finalmente, el salto hacia una Can Pujol más grande y consolidada.

En la historia de los quesos Can Pujol, esta etapa marca el momento en que la intuición inicial se convierte en proyecto estable. Josep ya no estaba únicamente imaginando una granja grande ni una quesería propia, como en aquellos años en los que su madre le respondía “Sí, hijo, sí”. Ahora ese sueño empezaba a tomar forma real en unas instalaciones capaces de dar continuidad a una forma de entender el queso.

A partir de ahí, Formatges Can Pujol pudo seguir desarrollando una gama más amplia y reconocible, con quesos que expresan el aprendizaje acumulado durante años. La historia no se explica solo por el tamaño de las instalaciones, sino por lo que ese espacio permitió: más control, más continuidad, más capacidad de elaboración y una identidad más fuerte para la formatgeria Can Pujol.

En definitiva, entre 1998 y 1999, Josep y su familia abrieron una etapa decisiva. Empezaron de nuevo, pero no desde la nada: empezaron con toda la experiencia acumulada de los años anteriores. Y esa combinación de memoria, trabajo y crecimiento es una de las claves para entender por qué los quesos Can Pujol ocupan hoy un lugar tan especial dentro del queso artesano catalán.

¿Quieres probar los quesos de Can Pujol?

Agenda tu cita para una auténtica experiencia de cata de quesos en Barcelona. Descubre nuevos sabores y vive la pasión artesana del fabulaso mundo de los quesos mediante una degustación única.

Cata de quesos Barcelona Logo Completo
Petit Nevat de Can Pujol Mejores quesos de cabra catalanes

Petit Nevat Can Pujol: el queso que marcó una época

Dentro de la historia de los quesos Can Pujol, el Petit Nevat Can Pujol ocupa un lugar muy especial. No es solo una de las piezas más reconocibles de Formatges Can Pujol, sino también un queso que ayuda a entender la manera de trabajar de la casa: elaboración artesanal, atención al gesto manual, respeto por la textura y una identidad muy ligada al queso de cabra catalán.

Según contó Josep a Cata de Quesos Barcelona, el Petit Nevat ocupa un lugar fundacional en la historia de los quesos Can Pujol. Esta formulación es importante porque permite recoger fielmente lo que explicó Josep en la entrevista sin entrar en conflicto con fuentes públicas que suelen señalar al Nevat como el queso madurado nacido en 1991 dentro de la trayectoria de la formatgeria. De hecho, fuentes vinculadas al sector recogen que en 1991 nació el Nevat como queso madurado de elaboración artesanal, modelado manualmente pieza a pieza.

El valor del Petit Nevat Can Pujol no está solo en su sabor, sino en todo lo que representa. Es un queso que resume muy bien el paso de una producción inicial más sencilla —mató, queso fresco, elaboraciones ligadas al día a día— hacia una gama de quesos Can Pujol con identidad propia. En él se reconoce una forma de hacer queso que no depende únicamente de la técnica, sino también de la mano, de la experiencia y de la sensibilidad del quesero.

Cuando Josep hablaba del Petit Nevat, no lo hacía como quien describe un producto más de catálogo. Lo explicaba como una pieza cargada de memoria. En su relato aparecía una imagen muy clara: el queso trabajado manualmente, con un formato que recuerda a una servilleta, apretado con las manos hasta lograr la forma y la textura adecuadas. Ese gesto aparentemente sencillo dice mucho de la formatgeria Can Pujol: el queso no se impone, se acompaña; no se fuerza, se trabaja con paciencia.

El Petit Nevat Can Pujol también permite entender por qué los quesos Can Pujol tienen tanto interés desde el punto de vista sensorial. En este tipo de queso, la corteza, la pasta y la textura forman parte de una misma experiencia. La corteza blanca y florida anticipa un queso de aspecto delicado; la pasta invita a buscar cremosidad y untuosidad; y el corte permite observar cómo evoluciona el queso desde el exterior hacia el centro.

Fichas comerciales actuales describen el Petit Nevat como un queso artesanal de cabra con mohos blancos, elaborado en Vilassar de Dalt por Formatges Can Pujol, con una pieza aproximada de 300 gramos. Otras fichas especializadas lo presentan como un queso de leche de cabra, de corteza blanca y florecida, con una pasta húmeda y cohesionada. Estos datos ayudan a reforzar la parte descriptiva del artículo, pero el enfoque diferencial debe seguir siendo la información propia que Josep compartió con Cata de Quesos Barcelona.

¿Cómo se hace el Petit Nevat?

Una de las imágenes más bonitas que dejó Josep en la entrevista fue la del formato “como de servilleta”. Según explicó a Cata de Quesos Barcelona, el Petit Nevat Can Pujol se trabaja manualmente: se da forma al queso con las manos, se aprieta y se ajusta hasta conseguir el formato y la textura adecuados.

Ese detalle es fundamental para entender el carácter de los quesos Can Pujol. La elaboración manual no es solo una técnica; es una manera de relacionarse con el producto. Cada pieza exige atención, tacto y experiencia. La mano del quesero interpreta la humedad, la firmeza, la resistencia de la pasta y el punto en el que el queso empieza a tener la forma deseada.

En el caso del Petit Nevat, esa forma remite a un gesto tradicional: trabajar el queso como si se recogiera en una tela o servilleta, marcando una silueta propia y una textura reconocible. Fuentes especializadas sobre el Nevat explican que su forma se consigue mediante el trabajo con una tela, y otras fuentes del sector destacan el modelado manual pieza a pieza dentro de la tradición de Formatges Can Pujol.

Esa elaboración manual ayuda a explicar por qué el Petit Nevat Can Pujol no debería describirse solo como “un queso de cabra”. Es un queso que concentra una forma concreta de hacer: leche, cuajada, moldeado, corteza, textura y afinado. Todo ello construye una pieza que forma parte de la identidad de Formatges Can Pujol y que conecta con la evolución de la casa desde sus primeros productos frescos hasta quesos con más personalidad.

Corteza, textura y untuosidad del Petit Nevat Can Pujol

El Petit Nevat Can Pujol es especialmente interesante porque combina una apariencia delicada con una textura que puede resultar muy expresiva. Su corteza blanca y florida es uno de sus rasgos más reconocibles. Visualmente, esa capa exterior ya comunica una idea de suavidad, humedad y maduración cuidada.

Al cortarlo, el interés está en observar la relación entre corteza y pasta. En quesos de este estilo, la zona más cercana a la corteza puede mostrar una textura más cremosa, mientras que el centro conserva otra densidad. Esa evolución interna es precisamente una de las razones por las que este queso funciona tan bien dentro de una lectura sensorial: permite mirar, tocar, oler y probar el queso por capas.

En boca, el Petit Nevat puede trabajarse desde la untuosidad, la sensación láctica y el equilibrio. Algunas fichas comerciales lo describen como un queso suave, cremoso y equilibrado, pensado para tablas de queso y maridajes con vino blanco, espumoso seco, miel, frutos secos o mermeladas. Para un artículo de Cata de Quesos Barcelona, lo mejor es usar estas notas con prudencia y combinarlas con vuestra propia experiencia si lo habéis probado directamente.

Lo importante es no convertir la descripción en una ficha fría. El Petit Nevat Can Pujol debe aparecer como una pieza que se entiende mejor cuando se conecta con la historia de Josep. La corteza blanca, la textura cremosa y el formato manual no son detalles aislados: forman parte de una misma manera de hacer queso.

Por eso, dentro del relato de los quesos Can Pujol, el Petit Nevat funciona como un puente entre producto e historia. Por un lado, es una pieza concreta, reconocible y buscada por quienes quieren comprar o conocer quesos artesanos catalanes. Por otro, es una forma de explicar la filosofía de la formatgeria Can Pujol: trabajar con las manos, respetar los tiempos y construir una identidad a partir de gestos sencillos pero precisos.

¿Por qué el Petit Nevat ayuda a entender los quesos Can Pujol?

El Petit Nevat Can Pujol ayuda a entender los quesos Can Pujol porque concentra varios elementos esenciales de la casa. Está ligado al queso de cabra, al trabajo manual, a la corteza florida, a la búsqueda de una textura concreta y a una idea de queso artesano que no depende solo del resultado final, sino del proceso.

Además, es un queso que permite explicar la evolución de Formatges Can Pujol de una forma muy clara. La historia empieza con unas primeras cabras, con mató y queso fresco, con rebaño, pastoreo y espacios pequeños. Con el tiempo, esa base se transforma en quesos con nombre propio, como el Nevat y el Petit Nevat, capaces de representar una identidad quesera más madura.

En ese sentido, el Petit Nevat no debe aparecer en el artículo como una simple mención dentro de una lista de productos. Merece una sección propia porque tiene intención de búsqueda, valor de marca y fuerza narrativa. Quien busca Petit Nevat Can Pujol probablemente quiere saber qué queso es, cómo se elabora, qué lo hace especial y por qué está tan vinculado a Formatges Can Pujol.

La respuesta está en esa combinación de historia y producto. Josep contó a Cata de Quesos Barcelona que el Petit Nevat ocupa un lugar fundacional en la casa, y esa información convierte el queso en una pieza clave del relato. No hablamos solo de sabor; hablamos de origen, de manos, de textura y de una manera de entender el oficio.

Por eso, si hay un queso que puede resumir el espíritu de los quesos Can Pujol, el Petit Nevat Can Pujol es uno de los mejores candidatos. Tiene presencia visual, tiene identidad sensorial y tiene una historia detrás. Y en un artículo pensado para posicionar, esa combinación es especialmente potente: permite responder a búsquedas concretas, aportar información propia y construir autoridad alrededor de Formatges Can Pujol.

¿Cómo saben los quesos Can Pujol: textura, leche y estilo?

Los quesos Can Pujol permiten recorrer distintos estilos dentro del queso artesano catalán. En la gama de Formatges Can Pujol encontramos quesos de cabra, quesos de oveja, piezas de textura cremosa, elaboraciones con corteza florida y formatos más firmes o intensos. Esa variedad hace que la formatgeria Can Pujol sea especialmente interesante para entender cómo cambia un queso según la leche, la elaboración, la maduración y la textura.

Algunos de los quesos Can Pujol más conocidos, como el Petit Nevat o el Nevat, destacan por su perfil cremoso, su corteza blanca y su carácter láctico. Otros, como el Montcabrer, permiten buscar sensaciones más intensas. También hay referencias de oveja, como el Ros o el Odré, que aportan contraste frente a los quesos de cabra y ayudan a mostrar la amplitud del trabajo de Formatges Can Pujol.

La siguiente tabla resume algunos de los principales quesos de la casa y qué puede destacar de cada uno desde el punto de vista de la leche, la textura y el estilo.

Textura, leche y estilo de algunos quesos Can Pujol
Queso Leche Estilo Qué destacar
Petit Nevat Cabra Pasta blanda / corteza florida Cremoso, láctico y suave
Nevat Cabra Corteza florida Textura cremosa y aroma suave
Sant Mateu Cabra Queso artesano catalán Interesante para comparar maduraciones
Montcabrer Cabra Perfil más intenso Buen queso para maridajes
Ros Oveja Pasta más firme Contraste frente a los quesos de cabra
Odré Oveja Queso de oveja Buena pieza para una tabla variada

Esta variedad ayuda a entender por qué los quesos Can Pujol no deben verse como una sola categoría. Cada pieza expresa una parte distinta de la identidad de Formatges Can Pujol: la suavidad de los quesos de cabra con corteza florida, la profundidad de las piezas más intensas y el contraste que aportan los quesos de oveja.

Por eso, al hablar de los quesos Can Pujol, conviene fijarse no solo en el nombre de cada queso, sino también en su leche, su textura y su estilo. Esa lectura permite apreciar mejor la evolución de la formatgeria Can Pujol, desde las elaboraciones más frescas y sencillas hasta quesos con una personalidad más marcada.

Dueños de la Formatgeria Can Pujol

Preguntas frecuentes:

¿QUÉ SIGNIFICA CAN PUJOL?

Según contó Josep a Cata de Quesos Barcelona, el nombre Can Pujol está ligado al lugar donde nació, en Canyet, Badalona. No nació como una decisión de marketing, sino como una referencia personal a sus orígenes.

¿DÓNDE ESTÁ LA FORMATGERIA CAN PUJOL?

El queso Gorgonzola puede ser suave o fuerte según la variedad. Las versiones más cremosas suelen ser más amables, mientras que las versiones más intensas tienen un sabor más picante, salino y persistente.

¿CUÁL ES EL QUESO MÁS CONOCIDO DE CAN PUJOL?

Entre los quesos Can Pujol más reconocibles están el Nevat y el Petit Nevat. Son dos piezas muy vinculadas a la identidad de la casa y a su trabajo con el queso artesano de cabra.

¿QUÉ ES EL PETIT NEVAT CAN PUJOL?

El Petit Nevat Can Pujol es un queso artesano de cabra asociado a Formatges Can Pujol. Se reconoce por su perfil cremoso, su textura delicada y su corteza con mohos blancos.

¿FORMATGES CAN PUJOL Y QUESOS CAN PUJOL SON LO MISMO?

Sí, Formatges Can Pujol y quesos Can Pujol hacen referencia a la misma casa quesera. “Formatges Can Pujol” es la forma catalana, mientras que “quesos Can Pujol” es la forma habitual en castellano.

¿QUÉ CONTÓ JOSEP A CATA DE QUESOS BARCELONA?

Josep contó detalles sobre el origen del nombre Can Pujol, sus primeras cabras, la etapa en Cabrils y la elaboración manual del Petit Nevat. También explicó el papel de Pau y Sara como continuidad familiar y relevo generacional de Can Pujol.

Cata de quesos Barcelona

Calendario de catas (por meses)

  • Enero – Diciembre: catas cada mes (formatos: quesos / vino y queso / regalo / empresas)

  • Horarios: tardes y fines de semana (según disponibilidad)

  • Ubicación: Granollers (varía según formato)

Suscríbete a nuestra Newsletter